No importa cuántos fondos se puedan invertir en comida, ropa, medicinas, jeringuillas, condones, y otros. Tampoco importa cuántas cenas de Acción de Gracias, de Navidad o Reyes se le pueda obsequiar al deambulante. Todo esto aunque es importante y no ésta mal, lo único que produce no es otra cosa que un continuismo del problema social y que en el peor de los casos, hasta se podría ver como si se estuviera fomentando el mismo para generar un cumulo de organizaciones sin fines de lucro que quizás es muy probable que el verdadero interés no sea el deambulante y sí el enriquecimiento de las cabezas que se encuentran detrás de ellas.
Es bien curioso que en el año 2003 se trató de legislar la Carta de Derechos del deambulante y esta hablaba de albergue adecuado, tres comidas al día, adiestramientos para rehabilitarse y trabajar, dirección postal gratuita, orientación para el manejo de las finanzas, orientación legal gratuita y servicios de apoyo y recreativos.
Me da risa todo esto de finanzas, dirección postal etc., pero en ningún momento se hace hincapié en lo que yo considero ésta la raíz del problema, que no es otra cosa que la Salud Mental.Si no se trabaja y se atiende efectivamente, la posibilidad de salir del deambulismo son bien pocas. Si queremos verdaderamente atacar este problema, según le llevamos las jeringuillas, los hot dogs y el café o jugo es imprescindible que le llevemos los psicólogos, psiquiatras y charlas.
Es muy difícil que el deambulante llegue al psicólogo, hay que ir y sentarse con ellos en su medioambiente y ofrecerle el servicio allí.
El curarle las llagas es bien importante, pero sino les curamos las llagas del alma y de la mente, no habremos hecho nada.
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